MERCEDES SOSA

A los 74 años, falleció hoy, 4 de octubre de 2009, la cantante Mercedes Sosa, ocurrió en Buenos Aires, a las 5,15 de la madrugada de este domingo de primavera, a consecuencia de una complicación hepática. Sus restos serán velados en el Congreso de la Nación y cremados en La Chacarita. Sus cenizas descansarán en Tucumán, Mendoza y en la capital argentina.

Un rumor de legüeros infinitos habitaban aljibes y su nombre, cuando aquel 9 de julio de 1935 en San Miguel de Tucumán nacía Mercedes Sosa, expansión sonora de un territorio que la vio despertar en fecha patria y la honró desde su provincianía. En sus inicios, enseñó danzas folklóricas, pero el canto supo ganarla con un revuelo de zambas sobre su voz.
Con el seudónimo de Gladys Osorio canta boleros y desde su adolescencia de soles comenzó pintando un cielo de zafra y canción.
Antes de cumplir 22 años, contrajo matrimonio con el músico Manuel Oscar Matus, vivió en Mendoza, donde gesta y nace su hijo Fabián.
Fue parte del manifiesto del “Nuevo Cancionero” junto a Armando Tejada Gómez, Tito Francia, Eduardo Aragón y su esposo Matus, entre otros. En 1965, de la mano de Jorge Cafrune sube al escenario de Cosquín y su debut con la “Canción del derrumbe indio” de Iramain, la consagra ante un público que se maravilla con “la voz de la zafra” nacida en el “Jardín de la República”, que ya había grabado por primera vez en 1959.
Pasión y trabajo fue su constante oficio. Amor y gestos para sus primeros trabajos discográficos registrados en aquellos larga duración (LP), como aquel que llevó por título “Canto con fundamento” en 1965, donde interpreta temas de Matus y Tejada Gómez, de los hermanos Nuñez y Ramón Ayala, entre otros autores.
En 1966, graba las placas “Yo canto por cantar” y “Hermano”, conteniendo éste el tema que da título al disco, una bella obra de Hamlet Lima Quintana y Carlos Guastavino, además de composiciones de Chaco Muller, Daniel Reguera y Ariel Petrocelli, entre otros.
Su alma vigorosa de tonos y armonías, alentaba entre sus sueños los pétalos de la ternura cancionera, interpretando a los más consagrados autores argentinos y del mundo. Canta tangos, baladas y abraza a los hacedores del rock nacional con la caricia de la brisa tucumana.
Participó de la obra “Romance de la muerte de Juan Lavalle” de Falú y Sábato. Y obras integrales como “Mujeres Argentinas” y la “Cantata Sudamericana” de Ramírez y Luna, la identifican con la magia del acento y el elogio.
El cine nacional la convocó para varias películas, en “Güemes” con la dirección de Leopoldo Torre Nilsson, hizo el personaje de la heroína de nuestra independencia Juana Azurduy.
Partió a París primero y luego a Madrid, con la dolorosa carga del exilio en sus espaldas. Los años más difíciles. Pero volvió con la gracia y la esperanza en su voz, sus recitales en el Luna Park, Teatro Opera y su presencia en los festivales de Cosquín y Viña del Mar, la vieron regresar con un exitoso repertorio y esa maravillosa aureola de estrella consagrada.
Esta magnífica intérprete, ejemplo de perseverancia, es una auténtica artista que ha dejado en el alma de cada escucha su condición de pájaro libre. Fue copioso su caudal discográfico, sus magníficas realizaciones la hacen merecedora de las alabanzas más profusas, por cuanto Mercedes Sosa tuvo la genialidad de saber encontrar en cada uno de sus discos el repertorio ideal para entusiasmar a sus innumerables seguidores con las mejores composiciones. “La Negra” nunca firmó una canción.
Recorrió América, Europa, Japón e Israel, entre otros muchos países, en repetidas giras. Fue una asidua representante del canto nacional, en todas sus expresiones. Embajadora de UNICEF y ciudadana ilustre de las ciudades de Buenos Aires y Tucumán, recibió distinciones como la “Orden de las Artes y las Letras de Francia” y numerosos premios como el “Konex de Brillante” y el “Grammy Latino”.
Con su último álbum doble “Cantora”, acompañada por numerosos y famosos colegas dejó sellado su canto entre serenatas y guitarras que desde el tren de las despedidas nos dice hasta pronto, mientras un ángel de lluvia y rocío seguirá nombrándola cuando en cada canción nos devuelva su voz.
Voz revolucionaria, inconfundible e inolvidable, que nos aquelarra el grito aborigen hasta abundarnos con su extensa y maravillosa producción, que es mítica y perenne, porque el tiempo sabrá dejarnos en los anaqueles de su canto el asombro de degustarlo como el mejor añejo vino.

Juan Carlos Fiorillo
Vicepresidente
Asoc. Nac. de Cronistas de Folklore